
Ella: Me vuelven loca las guarreridas medio rollo porno, o al menos eso creo porque tampoco controlo mucho de porno. Véanse gritos, uñas clavadas, mordiscos, cachetes y decir cosas como “¡fóllame!” o “¡dame más!”. Eso sí, todo sin hacer demasiado daño (en ese momento ni lo sientes) y lo de dejar vampirescas marcas en el cuello no me va lo más mínimo.
Lo de gritar me sale solo, tampoco me pego unos berridos en plan loca total, pero gemidos sí se me escapan. Por eso lo paso bienmal cuando hay gente en casa y no podemos hacer mucho ruido (nunca tenemos demasiado éxito), ya que me tengo que aguantar pero eso parece que me pone todavía más burra.
El otro día, en pleno folleteo, él encima embistiéndome con furia, le agarré una nalga y le iba empujando de forma que me daba la sensación de que le estaba ayudando a meterse mejor dentro de mí. Al final le quedó colorada, pero fue un subidón de cerdismo que culminó en un intenso orgasmo.
Y por supuesto, escucharlo a él gemir de placer me pone muchísimo.
Él: Soy de los que piensa que a la hora de follar cuanto más cerdo sea uno mejor y tengo la suerte de tener una pareja a la que, como a mí, le pone muchísimo y nos sale natural.
La verdad es que me encanta, cuando está super cerda a mí me lo contagia y viceversa, y eso obviamente mejora nuestras relaciones.
A parte yo, que disfruto como un enano con estas cosas, le digo un montón de guarradas y de vez en cuando también se me escapa algún que otro cachete… (eso sí, tampoco os penséis que me pongo en plan bruto).
Sin ir más lejos, hace tiempo estábamos follando en mi casa y no podíamos gritar como de costumbre porque estaban mis compañeros. Entonces yo hacía todo lo posible para que lo hiciera y eso nos puso muy muy burros.
Lo dicho, no hay como follar estilo porno, los puritanos no tienen sitio en mi cama.